Presiono con el dedo y el envoltorio queda atravesado por la pastilla. Dejo caer la cápsula en la palma de la mano. Es roja y blanca. La coloco sobre la lengua y bebo un poco de agua. El agua impulsa a la pastilla hacia la garganta. Un instante antes de desaparecer de mi boca, noto como el interior de la cápsula se estrella contra sus propias paredes y me parece que estuviera tragándome un sonajero.
Escrito por Elena H a las 21 de Febrero 2007 a las 02:14 PM